Los niños, esos pequeños seres de ojos abiertos y que no pierden detalle de nada, reciben durante las navidades cantidades extra de estímulos por las calles. Ven como la ciudad cambia completamente, envuelta en colores, formas y olores distintos a los del resto del año. Ven como la noche y las luces cobran un protagonismo cada vez mayor, y sobre todo ven también como los juguetes y las oportunidades de divertirse les rodean por todas partes.

Estas navidades, dentro del ciclo “La arquitectura de la Navidad: época de juegos, paisajes y luces” de TXOKOlate, quisimos acercar conceptos de geometría y arquitectura a los más pequeños a través de tres talleres muy unidos a la época.

En el primero de ellos desarrollamos la visión espacial, la capacidad de orientación y el ingenio creativo. Los pequeños arquitectos diseñaron y construyeron sus propios juguetes: complicados laberintos, divertidos juegos de construcciones por piezas, catapultas… Todo construido con materiales muy sencillos que permitió que se fueran a casa con varios juguetes y con muchas ideas y ganas de construir más.

En el segundo, exploramos los elementos que compone el paisaje de nuestros territorios, enseñando a los más pequeños la forma en que aldeas, montes, caminos, casas y paisaje en general se unen como si de un gran puzle se tratara. Los pequeños arquitectos dieron forma a todas estas “piezas” y a más, para luego juntarlas en la ciudad-puzle que para su sorpresa iba cogiendo una apariencia inesperada. Se podía leer en sus caras lo siguiente: “¿cómo quedaría si le añado más piezas? ¡Esta tarde en casa continúo!”

En el último taller nos sumergimos en conceptos de geometría, espacio y perspectiva para construir y dibujar arquitectura a través de elementos que no se pueden tocar: luces y sombras. Nuestros artistas no lo veían muy claro al principio pero cuando construyeron su propio proyector de diapositivas y apagamos las luces para probarlos ya no podían parar. Porque además de dibujar y proyectar sus propias historias se dieron cuenta de que, al estar hechas de luz, podían mezclar sus historias si las proyectaban hacia el mismo punto. Después de las historias hechas de luz pasamos a la proyección de sombras a mayor escala, donde a través de formas, recortes, o a través de sus propias siluetas fuimos dando forma a la imaginación.

Terminaba así la Navidad y los niños se llevaban a casa algo mucho más valioso que los juguetes, el puzle o el proyector, se llevaban ideas. Porque si estos talleres son como un “gimnasio” donde entrenar la imaginación, las ideas son sin duda las herramientas que nos acabaran haciendo más fuertes.