El arquitecto Álvaro Siza posee la capacidad de explicar de forma sencilla y fascinante la esencia de la arquitectura. Para ello, realiza el ejercicio de detenerse a contemplar cada elemento que la configura, por mínimo que pueda parecer. Una nueva mirada, como si fuera la primera vez, con el objetivo de encontrar una definición cada vez más desnuda.

La casa, como lugar fundamental del desarrollo de la vida humana y reflejo, así mismo, de la personalidad de sus moradores, se convierte en objeto de reflexión constante para Siza. Precisamente, en un breve texto titulado “La Casa”, el arquitecto la contempla, interioriza y describe cada elemento.

“La casa es el abrigo”

La primera gran idea subrayada por Siza es la condición de refugio y protección del mundo exterior mediante la creación de un universo propio. Para ello, las piezas fundamentales son el TEJADO y la CHIMENEA: la cubrición que protege de las inclemencias y el hogar que da calor y reúne en torno a sí a los moradores. Eso basta.

Más tarde aparecen las VENTANAS como aberturas que conectan ambos mundos y revelan que “no estamos solos”. La ventana permite divisar el exterior e imaginar una continuidad sin límites. Además, transmite al interior los sonidos viento y distintos grados de luminosidad proveniente del exterior, la percepción de calidez o frialdad a través de la luz que penetra y queda atrapada y reflejada en las paredes.

Apetece la aventura

La PUERTA, al carecer de alféizar y por lo tanto poderse atravesar, se convierte en protagonista y punto necesario de paso al mundo exterior o interior, según el caso. Siempre que se atraviesa para salir, surge la aventura del descubrimiento. Sólo de este modo es posible advertir que si bien cada casa es un fiel reflejo de la personalidad de sus moradores (solo o en compañía), esa apariencia se desvanece en el exterior. Todas ellas forman parte de una cuadrícula, de un sistema más o menos repetitivo que se hace mayor a medida que se amplía el campo visual. En realidad, tal y como indica Siza, todo ese universo encerrado en cada hogar sólo se puede distinguir, en muchas ocasiones, por un número puesto sobre el portal de acceso o su aspecto exterior más o menos cuidado.

“La Casa” en “Álvaro Siza. Textos“. Edición de Carlos Campos Morais. Abada Editores, S.L. 2014, Madrid. pp.368-370

Pie de foto: Interior de Casa Avelino Duarte, Alvaro Siza. Ovar (Portugal).1980-1984