Esta vivienda, primera obra construida en Brasil de Lina Bo Bardi y residencia del propio matrimonio Bardi junto a Sao Paulo, supone una auténtica lección para los sentidos.

Partiendo del aprendizaje de los valores de la arquitectura de la primera mitad del siglo XX, Bo Bardi consiguió integrar plenamente la vivienda dentro del paisaje de su entorno. Como primer objetivo, en nuestro papel de visitantes, somos conducidos de forma natural a través de un recorrido preciso y muy controlado. De este modo, nunca, ni antes ni después de entrar en la casa, dejaremos atrás el exterior: lo que la rodea.

Al aproximarnos a ella, ascendemos por un camino de piedra rodeado de un arbolado frondoso hasta llegar a un porche cubierto. La vivienda queda entonces sobre nuestras cabezas. A nuestro alrededor nos absorben los colores y fragancias de la abundante vegetación. Para entrar en la casa subimos por una escalera ligera que es lo único que interrumpe la panorámica de la que disfrutamos. A mitad de ascensión, un descansillo para seguir contemplando el paisaje y giramos para aparecer en un amplio salón. La sorpresa es mayúscula. La estancia, abierta en todo su perímetro con ventanales de suelo a techo. La naturaleza en todo su esplendor nos absorbe. El exterior se hace interior; el interior se diluye. Además, el espacio sólo es interrumpido por un patio cuadrado, igualmente acristalado, del que emerge un árbol, conservado y protagonista, como si todo girara en torno a él. ¿Realmente nos encontramos en un interior?

Para aumentar esta sensación de sorpresa, Bo Bardi utilizó como acabado del suelo un gresite azulado. Este material, con la gran incidencia de la luz del exterior nos proporciona brillos y una sensación acuosa, recordando al mar o a los ríos; o tal vez a un cielo azulado trasladado de techo a suelo de modo provocador.

Los dormitorios quedan separados e incluidos dentro de un conjunto que se ilumina con otro patio, esta vez de proporción rectangular. Su presencia hacia el salón se oculta tras una pared neutra. Pero ya no es una pared interior, sino que es casi una fachada. ¿Interior? ¿Exterior? De nuevo la sensación de confusión. De nuevo dudamos, contemplamos y disfrutamos de la naturaleza. Un verdadero placer para la vista.