“Érase una vez…” Así empezábamos ayer el taller del País de los Cuentos en TXOKOlate, igual que empiezan muchas de las grandes historias que se nos han ido quedando grabadas en el recuerdo. No tanto por las historias en sí, sino por cómo eran capaces de transportarnos a lugares remotos, mágicos, y convertirnos en protagonistas de las hazañas más imposibles.

Durante unas horas llevamos a nuestros pequeños arquitectos del día a explorar su imaginación y a abrir su mente a ese mundo infinito de posibilidades que son los cuentos. Contamos cuentos conocidos e inventamos historias nuevas para después pensar en los lugares en los que sucedían. Hubo historias de todo tipo: de intriga, ladrones y famosos detectives, teniendo lugar en calles oscuras de una gran ciudad, de hermosos peces que viven entre algas y corales, de intrépidos superhéroes tratando de salvar el mundo, de gemelos extraterrestres en búsqueda de un planeta habitable… La imaginación brilló sin límites.

Lo primero fue crear los escenarios para cada historia, que iban desde apacibles escenas de bosque o playa hasta ciudades superpobladas e incluso el espacio exterior. Los detalles como las casas, los coches, las algas o los planetas completaron el lugar, y ya solo nos quedaba poblarlo con los personajes de cada historia.

“¿Puedo hacer un detective que interroga a Papa Noel?”, “¿Y un perro que se hace pasar por lobo?”, ”¡Quiero hacer una superheroína como yo quiera!”, “¡Que divertido si los extraterrestres sólo encuentran un planeta hecho de queso!”, “¡Ya se! ¡Haré a Tom y Jerry en la playa!” Comentaban entusiasmados nuestros pequeños creadores, a lo que seguía una genial representación de las historias imaginadas en los escenarios que acababan de hacer. El punto cumbre llegó cuando alguien dijo: “¡Eh! ¡Podemos mover los personajes por todos los cuentos!” En ese momento se desató un ciclón en el que todos jugaron e imaginaron juntos para poner a Spiderman entre algas, a unos gemelos extraterrestres en la playa, a un detective en el espacio y un sinfín de historias más.

Con los ánimos tan elevados dimos otro salto: ¿y si inventábamos historias en las que los personajes fuéramos nosotros mismos y las representábamos? Nuestros jóvenes creativos enseguida se pusieron a imaginar historias imposibles y a buscar disfraces que les ayudaran a representarlas a lo grande. Indios, princesas, astronautas, superhéroes… ya no tenían dudas de que todo valía.

Cuando al terminar el taller vinieron a recogerles, nuestros pequeños arquitectos no podían parar de contar largos cuentos e historias increíbles a quien quisiera escucharlos, utilizando con muchísima soltura esa increíble herramienta de creación de imposibles que es la imaginación.