Escuela Secundaria Moderna de Hunstanton, Hunstanton (Reino Unido). 1950-1954

Alison y Peter Smithson se trasladaron a Londres una vez obtenida la licenciatura para casarse de inmediato en agosto de 1949. A la vez, comenzaron a trabajar en la London County School Division por invitación de su director Leslie Martin. Con sus primeros ingresos compraron el libro de Philip Johnson sobre el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe, publicado en Estados Unidos en 1947. Para ellos, lo que vieron en aquella publicación tuvo un impacto muy grande: la búsqueda de una nueva arquitectura capaz de responder a las nuevas exigencias de modernidad tecnológica, eficiencia en la construcción y prefabricación como herramienta esencial.

Todas estas cuestiones las pudieron plasmar al instante en su primer gran proyecto: un encargo que les llegó tras ganar un concurso realizado en casa después de las horas de trabajo en la oficina. La Escuela Secundaria Moderna de Hunstanton, localidad situada al norte de la región de Norfolk, supuso un trabajo en el que Alison y Peter Smithson demostraron una inquebrantable actitud y madurez inusuales. Asusta pensar que solamente contaban con 21 y 26 años respectivamente cuando se embarcaron en esta primera aventura llevada con éxito.

El edificio, un gran contenedor acristalado en la mayor parte de su superficie, cuenta con dos patios y un extenso vestíbulo central a doble altura. La solución propuesta para alojar a 510 alumnos, ubica las aulas en la planta primera y la administración y otras dependencias en planta baja. Los elementos donde se provoca más ruido como el gimnasio y la cocina quedan en otro edificio secundario.

Pero más allá de la distribución de los distintos espacios, lo que verdaderamente impacta es la forma en la que se nos presenta el edificio: desnudo y abstracto. Los materiales empleados: el ladrillo, el acero y el vidrio, componen una imagen moderna y lejos de la arquitectura tradicional británica de preguerra. Además, se nos pretende presentar la tecnología de la época. Una actitud en la que sorprendentemente todo queda a la vista; incluso algunos elementos de las instalaciones que tradicionalmente se ocultaban y con los que no estamos familiarizados cotidianamente.

Como resultado, tenemos la suerte de disfrutar de un edificio desnudo, donde los materiales empleados y la forma en la que han sido colocados se nos presentan como evidentes. Una mirada atenta a las imágenes nos hace pensar en la revolución que debió suponer en aquella época semejante modo de construir; una verdadera declaración de intenciones que los Smithson continuarían desarrollando a lo largo de toda su trayectoria futura.