Este fin de semana se celebró en Sopelana la segunda edición del Sopela Kosta Fest, durante el cual el municipio se llenó de todo tipo de actividades para todas las edades relacionadas con el respeto a la naturaleza, la música y el surf.

En la edición de este año Arkikultura ha participado organizando un taller infantil en el que nos sumergimos durante una horas junto con más de 70 niños en una de las culturas que más respetuosas han sido con el entorno natural y el medio ambiente, la de los indios americanos.

El primer acercamiento al taller no siempre es fácil, surgen preguntas como ¿qué es eso de los indios?, ¿qué vamos a hacer?, ¿lo puedo hacer con ama? Pero los niños enseguida  conocían a otros “indios” y la “tribu” empezaba a funcionar desde el principio.

Tras una primera explicación sobre los indios y su modo de vida, nos rebautizamos a nosotros mismos como “pluma verde”, “viento rosa” o “pantera del bosque” y empezamos a convertirnos en auténticos indios fabricándonos una diadema con una pluma y un chaleco a cada cual más original y colorido. Los dibujos del chaleco, los colores, los flecos,… nadie paraba hasta dejarlo todo completamente a su gusto. Vestidos con lo que habían fabricado, los pequeños apaches se movían por todo el taller orgullosos de su atuendo.

Una vez caracterizados e inmersos en la historia, aprendimos más cosas sobre el modo de vida de los indios y los “tipis”, el tipo de viviendas que utilizaban. Nos concentramos entonces en crear una pequeña maqueta de estas viviendas. Todo era personalizado: las telas de cubrición, el suelo en el que se colocaban, la decoración de fuego y árboles… Una vez más la imaginación como protagonista.

Cuando los pequeños indios ya daban por terminado el taller les propusimos un reto más: ¿y si hacemos un “tipi” grande en el que nos podamos meter dentro? Todos empezaban entonces a moverse llenos de ilusión y ganas de coger palos, telas y cuerdas. Las construcciones se cayeron varias veces, pero nadie se rendía hasta conseguir una tienda firme y con la decoración más variopinta. Algunos incluso hicieron por iniciativa propia unas construcciones más grandes en las que cabía toda su tribu. La imaginación no conoce límites.

Las horas pasaban y los niños iban y venían, por todas partes había destellos de plumas y chalecos de colores. Ni siquiera la lluvia que nos acompañó parte del domingo hizo que decayeran los ánimos entre los más pequeños, que disfrutaron toda la mañana jugando, haciendo manualidades, aprendiendo y divirtiéndose con lo que mejor se les da: hacer el indio.