El MASP, Museo de Arte de Sao Paulo, es un edificio ubicado en un enclave singular de la ciudad brasileña. Por un lado, discurre la Avenida Paulista: un vial de gran anchura y tráfico, y por otro, el parque Trianon. El solar, vacío anteriormente, era propiedad de un particular que lo donó al Ayuntamiento de Sao Paulo con una única condición: que nunca se construyese un edificio que perturbase la vista de la ciudad desde el parque.

Con este condicionante de partida, Lina Bo Bardi planteó una propuesta que hoy en día sigue sin dejarnos indiferentes por su radicalidad. Organizó el edificio en dos partes, una de ellas elevada y cristalina, como si estuviera literalmente flotando. La otra, semienterrada y rodeada de jardines y una vegetación muy frondosa.  

El aire entre estos dos volúmenes se convierte en un vacío que conserva la vista hacia la ciudad y además la realza, ya que queda enmarcada. Además, este vacío crea una plaza cubierta, un lugar de encuentro, de intercambio, abierto a todo tipo de manifestaciones ciudadanas.

La caja cristalina, de gran dimensión (unos 70 metros de largo y 29 de ancho), queda suspendida en toda su longitud a 8 metros de altura sobre cuatro enormes pilares rojos de hormigón situados en los extremos. Esta solución permitió además mantener los espacios destinados a salas de exposición totalmente diáfanos, sin ningún elemento que las interrumpiese. Cuando entramos en ellas imaginamos que pueden acoger cualquier exposición y montaje, por muy complejo que pueda resultar.

Una visita al museo nos permite además evadirnos del ajetreo y ruido de la ciudad. Podemos disfrutar del silencio al contemplar de las exposiciones y sentarnos así mismo en su exterior para disfrutar de la exuberante naturaleza que rodea al edificio. Un auténtico remanso de paz dentro de la jungla urbana.