Una perfecta línea de acero saluda desde el horizonte y da la bienvenida al Gran Bilbao. No existe una forma más noble y triunfal para adentrarse por la ría del Nervión que pasando a través del Puente de Bizkaia.

Un verdadero desafío que relata la transformación de la historia bilbaína en el cambio del s.XIX al XX y el talento exquisito y genial del arquitecto Alberto de Palacio y Elissague (Sare 1856 – Getxo 1939).

 

Transformando en real la arquitectura imaginada

Al mirar hacia atrás en la historia podemos descubrir y comprender las claves que desencadenan los cambios, el contexto perfecto en el que se nacen las ideas.

Durante el final del s.XIX la arquitectura experimentaba entre la búsqueda de una nueva identidad formal y la incorporación del hierro industrializado en la construcción. La Revolución Industrial había aportado un nuevo material de construcción: el acero y con él, surgían nuevos métodos constructivos y la posibilidad de hacer reales importantes retos arquitectónicos como el Crystal Palace de Londres (1854) o la Galerie des Machines en Paris (1889).

En Bilbao también se estaban produciendo cambios de envergadura. La floreciente industria minera y metalúrgica se consolidaba y, al mismo ritmo, el paisaje de Bizkaia y de la Ría del Nervión se iba transformando en un territorio urbano e industrial continuo desde Bilbao hasta el Puerto del Abra.

Este contexto de transformación imparable es el que forjó al arquitecto Alberto de Palacio y Elissague y también es el lugar donde la huella de su obra ha permanecido imborrable.

La trayectoria profesional de Alberto de Palacio descubre a un arquitecto tenaz, ambicioso y con gran interés por explorar los límites del conocimiento tecnológico. Esto hizo que, al concluir los estudios de arquitectura en Barcelona, se traslade a París como alumno del ingeniero Gustave Eiffel (1832 – 1923) para aprender de primera mano los detalles de la nueva arquitectura del acero.

A su vuelta se instala entre Madrid y Bilbao donde desarrolla la mayoría de sus proyectos. Entre su obra construida destacan en Madrid la Estación de Mediodía o de Atocha (1883-1894) y el Pabellón de Cristal del Retiro (1883-1884) y en Bilbao, sin duda, el Puente de Bizkaia (1890-1893).

El legado de este arquitecto comprende también obras que no llegaron a ser construidas entre las que se encuentran el Monumento a Colón (1891) para la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América y el Monumento a las Fueros Vascongados (1894).

La pasión de Alberto de Palacio por la arquitectura era imparable y le condujo en varias ocasiones a convertirse, además de en diseñador, también en promotor de sus proyectos como ocurrió con el Estudio de Higienización y Saneamiento de Bilbao y el propio Puente de Bizkaia.

 

Un nuevo modelo de arquitectura para la producción en serie

La genialidad del Puente de Bizkaia recae en que fue ideado desde un doble punto de vista. Por un lado, fue pensado como un invento de ingeniería que permitiría resolver el transporte de personas y vehículos entre Portugalete y Las Arenas, es decir, como una solución de ingeniería que pudiera ser reproducida en serie.

Por otro lado, fue diseñado con la sensibilidad del elemento arquitectónico que se implanta en un paisaje desafiante donde convergen el mar, la naturaleza y la ciudad industrial, asumiendo la responsabilidad de ser una seña de identidad permanente para la Ría de Bilbao.

Antes del diseño de Alberto de Palacio ya existían otros puentes de estructura colgante, pero lo que hace que el Puente de Bizkaia sea un diseño innovador y pionero en el mundo es, que además de ser colgante, es transbordador. El Puente dispone de una cesta colgada y articulada que se desliza de una orilla a otra.

La patente de esta solución innovadora quedo registrada 1888 en Bilbao y París, la primera por Alberto de Palacio y la segunda por el ingeniero Ferdinand Arnodin. Esto les permitiría implantar este modelo de puente en diferentes lugares y, al mismo tiempo, recibir ingresos por el uso del diseño.

A partir de aquel momento se construirían otros puentes colgantes articulados en diferentes ciudades de Europa y América1. De todos ellos son muy pocos los que han llegado hasta nuestros días y muchos menos los que se mantienen activos como el Puente de Bizkaia o el Puente de Rochefort-Mantrou en Francia.

El diseño de estos puentes ha sido desde el inicio objeto de admiración y atracción por su valor escenográfico. Han servido de inspiración en música, pintura y cine como mostró el director francés Jacques Demy cuando eligió el de Rochefort-Mantrou para el rodaje de una de sus grandes películas: “Les demoiselles de Rochefort”2.

 

La construcción de la leyenda

El Puente de Bizkaia está construido con estructura metálica, cuenta con dos torres en cada orilla separadas por los 160 metros de anchura de la Ría de Bilbao en ese punto y elevadas hasta los 61 metros.

De las cuatro torres metálicas, y a 45 metros de altura, se encuentra colgada mediante cables metálicos la estructura horizontal del puente. Ésta sirve como soporte para la barquilla colgante que se desliza por ella conectando Portugalete y Las Arenas (Getxo).

Esta solución permite el transporte de personas y vehículos entre las dos orillas de la Ría sin interrupción del tráfico fluvial. De esta forma y aunque en origen no está así planificado, el Puente quedaba integrado en el Proyecto de Mejora de la Navegabilidad de la Ría3 diseñado en 1880 por el Ingeniero Evaristo Churruca (1841 – 1917).

Y es que, la construcción del Puente no fue una iniciativa pública, todo lo contrario, la operación fue financiada en su totalidad con fondos privados tanto en su construcción como en su posterior explotación. Si el diseño arquitectónico y el cálculo estructural requirieron de ingenio y habilidad, la búsqueda de inversores también.

Alberto de Palacio confiaba tanto en su idea que no dudó involucrarse como inversor en el proyecto junto a otros industriales vizcaínos. Incluso, para lograr una mayor rentabilidad del Puente, propuso la incorporación de áreas comerciales y recreativas con miradores panorámicos dentro de la estructura del Puente, opción que finalmente fue desestimada.

 

Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Tras dos años de obras, el 28 de Julio de 1893 se inauguraba el Puente de Bizkaia que se ha mantenido en uso hasta la actualidad.

Aunque ha sufrido serios daños durante las épocas bélicas, nada ha impedido que esta seña de identidad perdure en el paisaje. La obra arquitectónica de Alberto de Palacio continúa a lo largo de la historia y ha sido premiada con importantes galardones como la Declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2006.

… Puente de Portugalete,

tú eres el más elegante,

Puente de Portugalete,

El mejor puente colgante …

Canción popular

 

1 Se construyeron un importante número de puentes colgantes articulados entre los que destacan: Rochefort-Martrou (Francia – 1900), Dulun (EEUU – 1905), Newport (Reino Unido 1906), Osten-Hemmoor (Alemania – 1909), Middlesbrough (Reino Unido – 1911), Osterrönfeld-Rendsburg (Alemania – 1913), Buenos Aires (Argentina – 1915) y Warrington (Reino Unido 1916). Algunos de estos puentes aún se mantienen en uso.

2  La película musical “Les demoiselles de Rochefort” es obra del director francés Jacques Demy (1931 – 1990) y para ella eligió como escenario el puente colgante de Rocherfort-Mantrou. La película, protagonizada por Catherine Deneuve, Francoise Dorléac y Gene Kelly, fue candidata a los Oscar y galardonada con el Premio Max Ophüls. Coincidiendo con el 25 aniversario del rodaje de la película la directora Agnès Varda, esposa de Jacques Demy, realizó un documental sobre el rodaje del musical y su huella en Rochefort.

3 El ingeniero Evaristo Churruca (1841 – 1917) es nombrado Vicepresidente de la junta de obras del Puerto de Bilbao en 1877 y, entre otros proyectos, se encargó de la redacción y ejecución del Proyecto de Mejora de la Navegabilidad de la Ría. El objetivo del Proyecto era lograr que la ría y su entorno garantizase la conectividad tanto fluvial como terrestre para hacerla compatible con el pujante desarrollo industrial. Para ello puso en marcha la construcción y reparación de muelles así como de carreteras y líneas férreas. Aunque el Proyecto de Mejora de la Navegabilidad de la Ría no contemplaba un puente como el de Alberto de Palacio, la propuesta del arquitecto fue recibida y apoyada con entusiasmo por parte de Evaristo de Churruca.