Villa Rotonda, Vicenza. 1569

La Villa Rotonda es, sin duda, la villa de Andrea Palladio que más admiración ha levantado desde su construcción hasta nuestros días. Ubicada sobre un promontorio en el monte Berico, al sudeste de Vicenza, sobresale del paisaje que lo rodea. Viendo su presencia imponente podemos dudar sobre si es el edificio el colofón de la finca o es por el contrario ésta la que crece aún más como consecuencia de la obra arquitectónica.

Hacia el exterior contemplamos cuatro fachadas, con sendos pórticos, a los que se accede mediante unas escalinatas que parecen salir de la propia elevación del terreno.  La justificación a la propuesta realizada para las fachadas la podemos leer del propio Palladio en sus “Quattro libri dell´Architettura” en las que se enfatiza el vínculo entre el paisaje y el edificio:

“El lugar es uno de los más bellos, amenos y apacibles que pueden encontrarse, ya que está en la cima de un promontorio al que se llega sin gran esfuerzo. A su alrededor se ordenan otras lomas, que forma una especia de inmenso teatro…; y como la perspectiva es bella por doquier, se han puesto logias a las cuatro fachadas”.

La planta de la Villa es un cubo, de la que sobresalen esos pórticos acolumnados, explicados anteriormente, de cada una de las caras. Una vez se ha accedido al interior, encontramos una majestuosa cúpula que proyecta en vertical la masa de la construcción.

El manejo de las proporciones y las medidas matemáticamente precisas por parte de Palladio es asombroso. Así, cada pórtico abarca la mitad de anchura de la fachada de la que sobresale. Además, cada pórtico saliente con su escalinata adosada tiene la misma profundidad que la mitad del cubo que forma el cuerpo central de la villa. Por último, la superficie de la suma de los pórticos con sus escalinatas es equivalente a la superficie del cuerpo central de la Villa. Todo ello subyace en una armonía sobresaliente en toda la composición del edificio que lo convierte en un ejemplo de elegancia.