Podríamos pensar que la arquitectura y las migraciones son dos conceptos totalmente ajenos, sin puntos en común. Sin embargo, al analizarlos en detalle descubrimos que ambos están íntimamente ligados ya que la arquitectura es capaz de volverse movimiento y viajar muy lejos  a través de las personas.

Éste es el reto que hemos puesto en marcha durante las Jornadas Europeas de Patrimonio que organiza BizkaiKOA. Bajo el lema Etxetik kampo: migraciones y patrimonio cultural hemos recorrido dos emblemáticos barrios de Bilbao: Atxuri y Abando para profundizar en la arquitectura de sus estaciones de tren.

Las migraciones son movimiento, desplazamiento de persona por diferentes territorios. En ese viaje llevan consigo sus costumbres, sus tradiciones, su cultura y sobre todo su identidad.

La arquitectura, a través de sus materiales, sus técnicas constructivas, su función y los usos que aloja, nos muestra de manera silenciosa muchos rasgos sobre el lugar donde se encuentra y su cultura. Por lo tanto, cuando las personas experimentan la arquitectura, ésta queda integrada como parte de su conocimiento permitiéndola viajar allá donde esas personas se dirijan: la arquitectura se transforma en movimiento y en vehículo de difusión cultura.

Las estaciones de tren constituyen una tipología arquitectónica única y llena de retos. Son la primera y última imagen que recibe la mirada del viajero, sus arquitecturas se convierten en el escenario de encuentro de éste con las ciudades, son la carta de presentación.

Al mismo tiempo, las estaciones de tren tiene que asumir otro gran desafío: integrar en un mismo espacio dos escalas muy diferentes la de las máquinas y la de las personas. Además, la solución funcional de estos edificios debe dialogar con la ciudad a la que da servicio: con sus calles, sus construcciones y su identidad.

Las estaciones de Atxuri y Abando no sólo da respuesta a todos estos retos sino que también se han convertido en dos elementos llenos de historia e identidad para sus barrios y para Bilbao.

La primera, obra del arquitecto Manuel María Smith, es un espléndido manifiesto de la arquitectura neovasca y regionalista del inicio del s.XX. La segunda, con su bóveda monumental, es inspiración para artistas como Agustín Ibarrola y Moreno Iturrioz. Ambas son patrimonio arquitectónico y cultural en movimiento.